Suen, gracias por colaborar e inspirarme para redactar estas líneas. I love you
Al decir Yo, el ser humano se separa de todo lo que percibe como ajeno al Yo: el Tú (lo otro); y, desde este momento, el ser humano queda preso en la polaridad. Su Yo lo ata al mundo de los contrapuntos que no se cifran sólo en el Yo y el Tú, sino también en lo interno y lo externo, mujer y hombre, bien y mal, verdad y mentira, etc. El ego del individuo le hace imposible percibir, reconocer o imaginar siquiera la unidad o el todo en cualquier forma. La conciencia lo escinde todo en parejas de contrarios que nos plantea un conflicto porque nos obligan a diferenciar y a decidir. Nuestro entendimiento no hace otra cosa que desmenuzar la realidad en pedazos más y más pequeños (análisis) y diferenciar entre los pedazos (discernimiento). Por ello, se dice si a una cosa y, al mismo tiempo, no a su contrario. Pero con cada no, con cada exclusión, incurrimos en una carencia, y para estar equilibrado hay que estar completo.
Más allá de la polaridad en la que la mayoría de los individuos se encuentran, está la unidad, el saber que los opuestos no se excluyen, pues uno no existe sin el otro, el Uno que todo lo abarca, en el que se aúnan los contrarios. Este ámbito del ser se llama también el Todo porque todo lo abarca, y nada puede existir fuera de esta unidad, de este Todo. En la unidad no hay cambio ni transformación ni evolución, porque la unidad no está sometida al tiempo ni al espacio. La Unidad–Todo está en reposo permanente, es el Ser puro, sin forma ni actividad. Llama la atención que todas las definiciones de la unidad hallan de ser planteadas en negativo: sin tiempo, sin espacio, sin cambio, sin límite.
Todas las manifestaciones positivas nacen de nuestro mundo dividido y, por consiguiente, no pueden aplicarse a la unidad. Desde el punto de vista la conciencia bipolar (aquella conciencia que excluye a los contrarios) la unidad se aparece como la Nada. Esta formulación es correcta, pero con frecuencia nos sugiere asociaciones falsas. La cultura occidental que se nos impuso desde la conquista, especialmente suele reaccionar con desilusión cuando descubre, por ejemplo, que el estado de conciencia que persigue la filosofía budista, el nirvana viene a significar nada (textualmente: extinción). El ego del ser humano desea tener siempre algo que se encuentre fuera de él y no le agrada la idea de tener que extinguirse para ser uno con el todo. En la unidad, Todo y Nada se funden en uno. La Nada renuncia a toda manifestación y límite, con lo que se sustrae a la polaridad. El origen de todo el Ser es la Nada. Es lo único que existe realmente, sin principio ni fin, por toda la eternidad. A esa unidad podemos referirnos pero no podemos imaginarla. La unidad es la antítesis de la polaridad y, por consiguiente, sólo es concebible —incluso, en cierta medida, experimentable — por el ser humano que, por medio de determinados ejercicios o técnicas de meditación, desarrolla la capacidad de aunar, por lo menos transitoriamente, la polaridad de su conocimiento. Pero la unidad siempre se sustrae a una descripción oral o análisis filosófico, pues nuestro pensamiento precisa de la premisa de la polaridad. El reconocimiento sin polaridad, sin la división en sujeto y objeto, en reconocedor y reconocido, no es posible. En la unidad no hay reconocimiento, sólo Ser. En la unidad termina todo el afán, el querer y el empeño, todo el movimiento, porque ya no existe un exterior que anhelar. Es la vieja paradoja de que sólo en la Nada está la plenitud. Cuanto menos necesitas de fuera más autónomo eres.
Volvamos a considerar el campo que podemos aprehender de forma directa y segura. Todos poseemos una conciencia del mundo polarizadora. Es importante reconocer que lo polar no es el mundo sino el conocimiento que nuestra conciencia nos da de él. Observamos las leyes de la polaridad en un ejemplo concreto como el de la respiración: Inhalación y exhalación se alternan constante y rítmicamente. Ahora bien, el ritmo que forman no es más que la continua alternancia de dos polos. El ritmo es el esquema básico de toda vida. Lo mismo nos dice la Física que afirma que todos los fenómenos pueden reducirse a oscilaciones. Si se destruye el ritmo se destruye la vida, pues la vida es ritmo. Quién se niega a exhalar el aire no puede volver a inhalar. Ello nos indica que la inhalación depende de la exhalación y que, sin su polo opuesto, no es posible. Un polo, para su existencia, depende del otro polo. Si quitamos uno, desaparece también el otro. Por ejemplo, la electricidad se genera de la tensión establecida entre dos polos, si retiramos un polo, la electricidad desaparece.
Si suprimimos uno de los dos polos, desaparece toda la imagen con sus dos aspectos. También aquí como depende la inhalación de la exhalación o el polo positivo de la corriente eléctrica del polo negativo. Esta absoluta interdependencia de los contrarios nos indica que, en el fondo de cada polaridad, existe una unidad que nosotros, los humanos, no podemos aprehender con nuestra conciencia, incapaz de percepción simultánea. Es decir, tenemos que dividir toda unidad en dos polos, a fin de poder contemplarlos sucesivamente. Y ello da origen al tiempo, simulador que debe su existencia únicamente al carácter bipolar de nuestra conciencia. Las polaridades son, pues, dos aspectos de una misma realidad que nosotros hemos de contemplar sucesivamente. Por lo tanto, cuál de las dos caras de la medalla veamos en cada momento dependerá del ángulo en el que nos situemos. Sólo al observador superficial se aparecen las polaridades como contrarios que se excluyen mutuamente —si miramos con más atención veremos que las polaridades, juntas, forman una unidad ya que, para poder existir, dependen una de la otra—. La ciencia como bien sabe el Dr. Sheldon Lee Cooper, hizo este descubrimiento fundamental al estudiar la luz.
Había sobre la naturaleza de los rayos de la luz dos opiniones contrapuestas: una propugnaba la teoría de las ondas y la otra, la teoría de las partículas. Cada una de estas teorías excluía a la otra. Si la luz está formada por ondas no puede estar formada por partículas y a la inversa: o lo uno o lo otro. Después hemos averiguado que esta disyuntiva era un planteamiento erróneo. La luz es a la vez onda y corpúsculo. Pero también se puede dar la vuelta a la frase: la luz no es ni onda ni corpúsculo. La luz es, en su unidad, sólo luz y, como tal, no es concebible por la conciencia polar del ser humano. Esta luz se manifiesta únicamente al observador según el lado desde el que éste la contemple, bien onda, bien partícula.
La polaridad es como una puerta que en un lado tiene escrita la palabra Entrada y, en el otro, Salida, pero siempre es la misma puerta y, según el lado por el que nos acerquemos a ella, vemos uno u otro de sus aspectos. A causa de este imperativo de dividir lo unitario en aspectos que luego hemos de contemplar sucesivamente se crea el concepto de tiempo, porque de la contemplación con una conciencia bipolar la simultaneidad del Ser se convierte en sucesión. Si detrás de la polaridad está la unidad, detrás del tiempo se halla la eternidad. Una aclaración: entendiendo eternidad en el sentido metafísico de intemporalidad, no en el que le da la teología cristiana, de un largo, infinito de tiempo.
En el estudio de las lenguas primitivas, también observamos cómo nuestra conciencia y afán de aprehensión divide en contrarios lo que originariamente era unitario. Al parecer, los individuos de culturas pretéritas eran más capaces de ver la unidad detrás de las dualidades, ya que en las lenguas antiguas muchas palabras tienen acepciones que se contradicen. No fue sino con la evolución del lenguaje cuando, principalmente mediante transposición o prolongación de las vocales, se empezó a atribuir a un único polo una voz originariamente ambivalente.
Ya Sigmund Freud comenta el fenómeno en su “Contrasentido de las palabras originales". Citamos:
"Por ejemplo, no es difícil descubrir la raíz común de las siguientes palabras latinas: clamare = clamar y clam = quieto, o siccus = seco y sucus = jugo. Altus tanto puede significar alto como profundo. En griego farmacon significa tanto veneno como remedio. En alemán la palabra stumm (mudo) y Stimme (voz) pertenecen a la misma familia, y en inglés apreciamos la polaridad en la palabra without, literalmente «con sin» que en la práctica sólo se atribuye a uno de los polos, concretamente, sin. Aún nos aproxima más a nuestro tema el parentesco semántico de bos y bass.
La palabra bass significa en alto alemán gut (bueno). Esta palabra sólo la encontramos ya en dos locuciones compuestas furbass que significa furwahr (verdaderamente) y bass erstaunt que puede interpretarse como sehr arstaunt (muy asombrado). A la misma rama pertenece también la palabra bad = malo, al igual que las alemanas Busse y bussen (Penitencia y purgar). Este fenómeno semántico según el cual originariamente se utilizaba una misma palabra para expresar significados contrarios, como bueno o malo, nos indica claramente la unidad que existe detrás de cada polaridad."
Precisamente la equiparación de bueno y malo es un tema en sumo interesante. Espero retomarlo en otro texto (por cuestiones de tiempo) porque es de trascendencia en la comprensión del tema de la polaridad.
La polaridad de nuestra conciencia la experimentamos subjetivamente en la alternancia de dos estados que se distinguen claramente uno de otro: la vigilia y el sueño, estados que nosotros experimentamos como correspondencia interna de la polaridad externa día–noche de la Naturaleza. Por lo tanto, hablamos corrientemente de un estado de conciencia diurno y un estado de conciencia nocturno o del lado diurno y el lado nocturno del alma. Íntimamente unida a esta polaridad está la distinción entre una conciencia superior y un inconsciente. Por lo tanto, durante el día esa región de conciencia que habitamos por la noche y de la que surgen los sueños es para nosotros el inconsciente. Bien mirada, la palabra inconsciente no es un vocablo muy afortunado, por cuanto que el prefijo in denota carencia e inconsciente no es lo mismo que falto de conciencia.
Durante el sueño nos encontramos en un estado de conciencia diferente, no en falta de conciencia sino sólo una denominación muy imprecisa del estado de conciencia nocturno, a falta de palabra más adecuada. Pero, ¿por qué nos identificamos tan evidentemente con la conciencia diurna?
Desde la difusión de la psicología profunda, estamos acostumbrados a imaginar nuestra conciencia dividida en estratos y a distinguir entre un supraconsciente (arriba), un subconsciente (en medio) y un inconsciente (abajo). Esta clasificación en superior e inferior no es obligatoria, desde luego, pero corresponde a una percepción espacial simbólica.
El ser humano está separado de esto por su Yo, lo que da lugar a la creación de su «supraconsciente» subjetivo y limitado. Por lo tanto, no tiene acceso al resto de la conciencia, es decir, a la conciencia cósmica. La línea divisoria entre su Yo y el restante “mar de la conciencia” no es, sin embargo, un absoluto; más bien podría denominarse una especie de membrana permeable por ambos lados. Esta membrana corresponde al subconsciente. Contiene tanto sustancias que han descendido del supraconsciente (olvidadas) como las que afloran del inconsciente, por ejemplo, premoniciones, sueños, intuiciones, visiones.
Si una persona se identifica exclusivamente con su supraconsciente, reducirá la permeabilidad del subconsciente, ya que las sustancias inconscientes le parecerán extrañas y, por consiguiente, generadoras de angustia. El estado de la iluminación o de la conciencia cósmica no se alcanzaría más que renunciando a la divisoria, de manera que supraconsciente e inconsciente fueran uno. Desde luego, este paso equivale a la destrucción del Yo cuya evidencia se encuentra en la delimitación (Es la destrucción del vínculo que nos ata a este mundo material y que se ve muy bien ejemplificado en la caricatura “Avatar: el último maestro aire”. Donde Ang quién es la reencarnación del Avatar, un ser supremo que domina los cuatro elementos y mantiene el equilibrio en la tierra, necesita dominar el “estado Avatar”, un estado del ser supremo que le brinda control infinito y desmedido sobre los cuatro elementos. Pues bien, para poder dominar y tener control a voluntad del “estado Avatar”, Ang tiene que destruir el vínculo que lo ata a la tierra el cual radica en el amor que siente por Katara, una bella maestra agua. El capítulo que describo se encuentra en el Libro 2: Tierra; y se titula: "El gurú".
La conciencia humana tiene su expresión física en el cerebro, atribuyéndose a la corteza cerebral la facultad específicamente humana del discernimiento y el juicio. No es de extrañar que la polaridad de la conciencia humana se refleje claramente en la anatomía misma del cerebro. Como es sabido, el cerebro se compone de dos hemisferios unidos por el llamado cuerpo calloso. En el pasado, la medicina trató de combatir diferentes síntomas, como por ejemplo la epilepsia o los grandes dolores, seccionando quirúrgicamente el cuerpo calloso, con lo que se cortaban todas las uniones nerviosas de los dos lóbulos (comisurotomía).
A pesar de lo aparatoso de la intervención, a primera vista apenas se observaban deficiencias en los pacientes. Así se descubrió que los dos hemisferios son como dos cerebros que pueden funcionar independientemente. Pero, al someter a los operados a determinadas pruebas, se vio que los dos hemisferios cerebrales se distinguen claramente tanto por su naturaleza como por sus funciones respectivas. Ya sabemos que los nervios de cada lado del cuerpo son gobernados por el hemisferio contrario. Si se vendan los ojos a uno de estos pacientes y se le pone, por ejemplo, un sacacorchos en la mano izquierda, él es incapaz de nombrar el objeto, es decir, no puede encontrar el nombre que corresponde al sacacorchos que está palpando, pero no tiene dificultad alguna en utilizarlo adecuadamente. Cuando se le pone el objeto en la mano derecha ocurre todo lo contrario: ahora sabe cómo se llama pero no sabe utilizarlo (simplemente magnifico).
Al igual que las manos, también los oídos y los dos ojos están unidos al hemisferio cerebral contrario. En otro experimento a una paciente operada de comisurotomía se le presentaron diferentes figuras geométricas al tiempo que se le tapaba, sucesivamente, el ojo derecho y el izquierdo. Cuando se proyectó un desnudo ante el campo visual del ojo izquierdo, por lo que la imagen sólo podía percibirse por el hemisferio derecho, la paciente se sonrojó y se rió, pero a la pregunta del investigador de qué había visto contestó:
— Nada, sólo un fogonazo — y siguió riendo.
Es decir, que la imagen percibida por el hemisferio derecho produjo una reacción, pero ésta no pudo ser captada por el pensamiento ni planteada con palabras. Si se llevan olores sólo a la fosa nasal izquierda, también se produce la reacción correspondiente, pero el paciente no puede identificar el olor.
Con estos experimentos, desarrollados y elaborados en los últimos tiempos, se ha recopilado información que puede condensarse así: uno y otro hemisferio se diferencian claramente por sus funciones, su capacidad y sus respectivas responsabilidades. El hemisferio izquierdo podría denominarse el "hemisferio verbal" pues es el encargado de la lógica y la estructura del lenguaje, de la lectura y la escritura. Descifra analítica y racionalmente todos los estímulos de estas áreas. Es decir, que piensa en forma digital. El hemisferio izquierdo es también el encargado del cálculo y la numeración. La noción del tiempo se alberga asimismo en el hemisferio izquierdo.
En el hemisferio derecho encontramos todas las facultades opuestas: en lugar de capacidad analítica, permite la visión de conjunto de ideas, funciones y estructuras complejas. Esta mitad cerebral permite concebir un todo (figura) partiendo de una pequeña parte. Al parecer, debemos también al hemisferio cerebral derecho la facultad de concepción y estructuración de elementos lógicos (conceptos superiores, abstracciones) que no existen en la realidad. En el lóbulo derecho encontramos únicamente formas orales arcaicas que no se rigen por la sintaxis sino por esquemas de sonidos y asociaciones. Tanto la lírica como el lenguaje de los esquizofrénicos son exponentes del lenguaje producido por el hemisferio derecho. Aquí reside también el pensamiento analógico y el arte para utilizar los símbolos. El hemisferio derecho genera también las fantasías y los sueños de la imaginación y desconoce la noción del tiempo que posee el hemisferio izquierdo.
Según la actividad del individuo, domina en él uno u otro hemisferio. El pensamiento lógico, la lectura, la escritura y el cálculo exigen el predominio del hemisferio izquierdo, mientras que para escuchar música, soñar, imaginar y meditar se utiliza preferentemente el hemisferio derecho. Independientemente del predominio de un hemisferio concreto, el individuo sano dispone también de informaciones del hemisferio subordinado, ya que a través del cuerpo calloso se produce un activo intercambio de datos. La especialización de los hemisferios refleja con exactitud las antiguas doctrinas esotéricas de la polaridad. En el taoísmo, a los dos principios originales en los que se divide la unidad del Tao se les llama Yang (principio masculino) y Yin (principio femenino).
Es fácil imaginar lo incompleto que estaría el individuo que sólo tuviera una de las dos mitades del cerebro. Pues bien, no es más completa la noción del mundo que impera en nuestro tiempo, por cuanto que es la que corresponde a la mitad izquierda del cerebro. Desde esta única perspectiva, sólo se aprecia lo racional, concreto y analítico, fenómenos que se inscriben en la causalidad y el tiempo.
Pero una noción del mundo tan racional sólo encierra media verdad, porque es la perspectiva de media conciencia, de medio cerebro. Todo el contenido de la conciencia que la gente gusta de llamar con displicencia irracional, ilusorio y fantástico no es más que la facultad del ser humano de mirar el mundo desde el polo opuesto. Es el desarrollo de esta conciencia la que me falta desarrollar, dejando de buscar la lógica de las cosas desde la compresión de que existen elementos que escapan a toda lógica; en caso concreto: los sentimientos y la irracionalidad de las acciones que nos motivan a realizar.
Evidentemente, la Naturaleza valora mucho más las facultades de la mitad derecha, irracional, ya que, en trance de peligro de muerte, automáticamente se pasa del predominio de la mitad izquierda al predominio de la mitad derecha. Y es que una situación peligrosa no puede resolverse por un proceso analítico, mientras que el hemisferio derecho, con su percepción de conjunto de la situación, nos da la posibilidad de actuar serena y consecuentemente.
En mi opinión, la importancia de la teoría de los hemisferios estriba en la circunstancia de que la ciencia ha comprendido lo sesgado e incompleto que es su concepto del mundo y, con el estudio del hemisferio derecho, está reconociendo la justificación y la necesidad de mirar el mundo de esa otra manera. Al mismo tiempo, sobre esta base, se podría aprender a comprender la ley de la polaridad como ley fundamental del mundo, pero este empeño fracasa casi siempre por la absoluta incapacidad de la ciencia para el pensamiento analógico (mitad derecha).
Con este ejemplo, ofrezco con claridad la ley de la polaridad: la conciencia humana divide la unidad en dos polos. Los dos polos se complementan (compensan) mutuamente y, por lo tanto, para existir, necesitan el uno del otro. La polaridad trae consigo la incapacidad de contemplar simultáneamente los dos aspectos de una unidad, y nos obliga a hacerlo sucesivamente. Para describir la unidad, la conciencia, basada en la polaridad, tiene que servirse de una paradoja. La ventaja que nos brinda la polaridad es la facultad de discernimiento, la cual no es posible sin polaridad. La meta y el afán de una conciencia polar es superar su condición de incompleta, determinada por el tiempo, y volver a estar completa, es decir, en equilibrio.
Es en esta conciencia de polaridad-unidad de Venus en Escorpio a la cual pertenezco como me veo inmerso e intento interactuar con el mundo exterior (a veces con éxito y otras en su irremediable contrario). Porque en mi interior no hay conflicto que no pueda resolver: interactuó, confronto y equilibro los polos que habitan en mí (que por serme propios no puedo rechazar).
Todo aquel que desee vivir en plenitud debe conocer sus polos, confrontarlos y nunca negarlos, sino alcanzar la armonía entre ellos. Pero esto no es cosa fácil, el lado “soleado” ofrece muchos placeres y ventajas. El único error que se comete es limitarse exclusivamente a él y evitar la zona de sombra y su lobreguez. Por temor al sufrimiento, al rechazo, la incomprensión, la desgracia, el dolor, la desesperación, etc. todas estas cosas hacen retroceder con espanto. Pero si no tomamos conciencia de ellas, evidentemente no aprenderemos nada para trascender espiritualmente y ser personas más profundas.
Comentario
Comentario de Rafael Barrio el octubre 8, 2011 a las 8:25pm Expansión y Síntesis del pensamiento, movimientos que se necesitan mutuamente para la comprensión. Pocas veces visto como sístole y diástole, acompasado y rítmico, en un texto. Conviviendo juntos como movimientos separados pero necesarios. Un buen ejemplo de nuestro cerebro polarizador es ver el vago movimiento hacia la síntesis que tiene quien se explaya, y el vago movimiento hacia explayarse que tiene el sintético. Y nuestros comentarios ejemplos de esta maravillosa exposición.
Silvia, la comprensión de la polaridad es un requisito indispensable para cualquier razonamiento, en ese sentido nunca se hace demasiado hincapié en la polaridad, por cuanto constituye el problema central de nuestra existencia. Es preferible desglosar y ejemplificar los temas para hacerlos asimilables que abstenerse sólo a un extracto de ellos.
Comentario de silvia maría ballester el septiembre 19, 2011 a las 9:34am
Comentario de Rafael Barrio el septiembre 18, 2011 a las 11:19pm Sin duda la visión dualista representa, en un estrato de conocimiento muy definido, al mundo. Es una forma de conocimiento materialista que impulsó de manera evidente a la ciencia y tecnología hasta un punto. Hoy día se nos hace más y más claro sus limitaciones. El asunto es que la conciencia cotidiana, siempre atrasada en unos doscientos años aprox, está programada para percibir de esa forma. Debemos, creo, habilitar una forma de pensar más integral, donde experiencia (en el sentido de percepción), paradoja, dualidad, polaridad y unidad sean simultáneos en la mente, lo que definiría la consciencia individual como multidimensional. Creo que el Yo no se evidencia en la delimitación sino que en su propia estructura, como decís en las primeras líneas, es delimitación. La identificación supone delimitación, ya que en ese caso el Yo se forja sobre la mímesis a un objeto delimitado sobre el cuál se ha identificado la consciencia, la identificación temprana de la consciencia sobre el cuerpo que habita cimenta la posterior división entre el yo y el tú. En síntesis, cuando la consciencia se subsume a un objeto delimitado promueve la existencia de un Yo separatista, la herramienta de ese Yo debe ser siempre la polaridad y el discernimiento, ya que de esa manera puede retroalimentarse a sí mismo y mantenerse fuerte (delimitado). Si sumamos al combo un hábitat difícil, como por ejemplo la competitividad y el consumismo, es el Yo el único refugio posible de la consciencia. No creo en que la destrucción del Yo sea necesaria para la unidad de la consciencia, como supones más arriba. El Yo es una buena herramienta para estar en el mundo, pero un mal consejero, puesto que él no es más que una expresión del mundo. (definido mundo aquí como el producto social-económico-cultural de la mayoría humana que termina convirtiéndose en el paradigma que nos contiene y que, sin discernimiento, nos ofrece la tarea de definirnos como personas y pensar por nosotros). Genial tu aproximación Bruce, espero ansioso tus aproximaciones sobre polaridad aplicadas a la moral.
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