Magia, estudio, inversión y dinero
Es un tema recurrente el dinero entre mis alumnos novatos. Hay mucho tabú y malos entendidos cuando se vincula el proceso mágicko con lo económico, o lo económico con el proceso mágicko.
Con el correr de los años fui discriminando contados enfoques que utiliza el estudiante para medir la relación costo – beneficio del trabajo interno.
Hay personas que comienzan a trabajar sobre sí mismos como un medio para obtener éxito en un área específica de esas que demanda la sociedad. Todas son conocidas, por citar algunas: “Tener mucha plata”, “Ser reconocido como el mejor....”, “Éxito con el sexo opuesto”, “Encontrar mi media naranja y formar una familia”, esta me encanta: “Poder lograr el máximo con la mínima inversión”, y cuando hablamos de inversión no sólo nos referimos a un costo económico, sino a modificar conductas. “Yo no quiero aprender a amar, quiero que me amen”. O, “quiero encontrar (y por qué no que se materialice en la puerta de mi casa) alguien que me entienda y me quiera tal como soy.”
Esa búsqueda muchas veces no es del todo reconocida, y se disfraza de: “quiero conocerme más a mi mismo”, y en el fondo reza: “ya probé todo, a ver si con esto consigo lo que quiero de una vez por todas.” Escucho muchas veces: “Una práctica de 5 minutos 3 veces por semana es una gangaaaa, pero no me hagas leer eee.” O sino los famosos en relación a las lecturas: “ya lo leí el texto”, “sí, yo ya sé todo eso”, “Que querés? Que lo lea de nuevo?”
Esa actitud para con la lectura denota que se quiere invertir poco por la lujuria del resultado. Hay unos pocos, el 1% (y esta estadística es real) que intentan demostrarse a sí mismos haber entendido escribiendo un artículo personal sobre los temas leídos. De ese 1% el 90% hacen autoreferencia... y deja de ser un artículo... y pierde perspectiva.
Cuando empecé a enseñar magia, luego de haber conocido y estudiado mucho sobre psicoanálisis y psicología aplicada a grupos humanos, sin contar astrología (que considero un estudio más difícil que las citadas ciencias humanistas), me dije a mi mismo: “que bueno, no voy a padecer lo que padecen los psicólogos, eso de que sus pacientes creen que con ir y pagar se garantizan sus verdaderas metas -las arriba citadas. La autoiniciación (corriente más actual en magia) es un golazo, el alumno sabe que su lugar es del autodidacta con la guía sana de quien recorrió más que él.” Luego de un tiempo aprendí que no es un problema del marco psicoanalítico, sino de lo humano. Y entendí claramente por qué. Sin darnos cuenta todos los días nos vemos insertos en esta lógica: “me deslomo trabajando para poder pagar resultados”. El esfuerzo de los resultados está en la energía invertida en trabajar. Todo es un resultado. Estudio por el resultado de tener un buen trabajo, me vuelvo culto por el resultado de ser respetado entre los cultos, tengo compu e internet por el resultado de obtener el dato que necesito segundos después de haberlo deseado. El resultado nos motiva, o si no, la obtención de lo que creemos que nos merecemos por tanto invertir en lo que nos gusta trabajar.
El estudiante de magia se libera de la búsqueda de resultados por un sano gobierno de sí. Entiende y ve después que dicha búsqueda le resta visión, y que tal estreches lo limita en sus posibilidades. Existe otra versión tramposa de la búsqueda de resultados, que promete lo que no es. Hablo de la observación de sí que deviene en autoimportancia personal. Se deja de ser una ficha más del tablero para ser “la ficha versus el tablero”. La referencia: o es el tablero (autocrítica – autoestima) o es la ficha (estreches de miras, autoanálisis hasta el hartazgo de un yo que goza, se alimenta y nunca se sacía de todo eso).
Está todo tan mal armado en nuestro software psíquico que si restamos importancia al resultado y al mismo tiempo nos enfocamos en lo que propone el recorrido mágicko, se termina creyendo en una espiritualidad divorciada de lo material. Y es precisamente todo lo contrario. Comenzamos a ampliar nuestro espectro visual, y con el tiempo empezamos a ver el orden subyacente en nuestra vida, la configuración que hace a nuestras circunstancias. Con un poco de más tiempo empezamos a entender este orden y luego a acompañarlo. Uno se entera que la vida siempre tomó el camino correcto, pero nosotros estábamos en otro canal. Como si la hubiéramos dejado sóla armar nuestros destinos mientras invertíamos todo nuestro tiempo en desear y fantasear resultados. La integración con las fuerzas que gobiernan sobre nuestro destino es lo que promete el proceso mágicko. Simplemente va progresiva y paulatinamente liberándonos de velos, no nos carga de información (como todo en este planeta) sino que pone a la información donde tiene que estar y desarrolla un nivel de observación de la realidad donde muchas cosas tienen sentido y perspectiva, sin misticismos, con una lógica clara y contundente que le permite al mago decir: yo no soy un hombre de fé, ni de teorías, la realidad misma me está enseñando cómo son las cosas, sé a donde me conduce cada decisión antes de tomarla y me responsabilizo por ello, o por lo menos los resultados de cualquier decisión no me tomarán desprevenido.
Los humanos pensamos muy raro: vemos lo que tenemos (nuestras posesiones, relaciones y esquemas mentales) y en base a eso desarrollamos en nuestras mentes lo que deseamos. Es por tal motivo que nuestros deseos no son más que una extensión de lo que poseemos. En realidad es al revés, primero es necesario saber lo que en verdad se quiere, profundamente establecer prioridades, y después ver qué hacemos con lo que tenemos para organizarlo de tal manera que nos acerque a las circunstancias prioritarias. Pero no, eso significaría demasiada flexibilidad, y en un mundo tan virtual y líquido, nuestras estructuras y rigideces hacen de soportes para nuestra identidad que debe insistir en repetirse más y más en pos de reafirmarse en su hábitat.
Deconstruirnos lo suficiente para volvernos fieles a nosotros mismos y no dependientes de fijaciones necesarias lleva tiempo, dinero, voluntad, y como hace poco me decía alguien: “
conócete a ti mismo, y llora”. Es un proceso lento, movilizante, y que nos empuja hacia el abismo del sí mismo libre de identificaciones. Pues, si uno mismo es mucho más que la suma y el cálculo de todo lo que se le ha insertado (como opina cualquier aproximación espiritual al hombre) lógicamente ese plus es abisal. Ese plus que suele llamarse Yo Superior, y debe ser capaz de cruzar sano y salvo un abismo que se lleve puesto a todas las identificaciones que no le corresponden. ¿Y cómo sabemos qué es propiamente personal, qué es en verdad individual si no cruzamos dicho abismo?
Ahora es claro por qué la magia reza: todo acto mágico (y nuestras intenciones son también actos mágickos) debe buscar alcanzar ese Yo Superior y fundirse con él. Porque hasta que eso no suceda nunca vamos a saber si lo que deseamos es lo que realmente necesitamos, o si nuestros deseos no son en verdad una extensión de las circunstancias que desean por uno.
No hay evolución sin transformación, y toda transformación atenta contra la imagen que tenemos formada sobre nosotros mismos. Por lo tanto
la evolución es un atentado al Yo, ese que nos ocupamos muchísimas horas al día en fortalecer y capacitar. El problema no es el Yo, sino la imagen que fijamos sobre él de manera compulsiva... como quien pone a mandar a alguien que está destinado a servir. O dejamos todo a cargo del sirviente o emprendemos la búsqueda de quien está destinado a mandar.
Y cómo el sirviente sólo sirve entonces desea siempre el deseo de otro. Para poner un ejemplo ilustrativo y muy posible: Cuando el otro es una persona, huye el sirviente por miedo a la dependencia y se discrimina volviéndose económicamente independiente, pero después depende de su economía para mantenerse discriminado de las personas, más luego desarrolla valores fijos donde pueda liberarse de la dependencia al dinero y las personas, y siempre está cambiando de amo porque ninguno le conforma, porque sobre ninguno puede mandar sobre mucho tiempo. Y así y todo prefiere pensar que manda sobre amos como el dinero y las personas -cuando en realidad sólo las sirve- que servir al Yo Superior. Como dice el dicho: “
mejor malo conocido que bueno por conocer.”
Y ahora es claro por qué las personas que hacen un trabajo interno real siempre están disconformes con todos sus amos, y emprenden un camino a lo desconocido por simple confianza y vocación (de vocare : llamado.)
Lo curioso de todo esto es que en la medida que el yo se vuelve sirviente de yoes más centrales y luego del yo superior, toda la vida se empieza a ordenar, y el mago se llena de prosperidad, todas sus áreas funcionan, se vuelve rico y nada le falta. Su vida empieza a tomar la forma que mejor le corresponde a su verdadera voluntad, la cuál ha descubierto un poco antes de eso. No hay riqueza mayor en el mundo que aporte lograr semejante meta en la vida. Y cuando me preguntan: ¿y se puede trabajar la economía con magia? Yo simplemente sonrío, me viene a la mente todo lo anterior, y contesto: ¡¿con tan poco te conformás?!
-© 2010- rafael barrio.
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