Reflexiones 1.


Jamás me atreveré a decir que sé exactamente lo que tu sientes en esa obscuridad en la que hoy te encuentras, sin embargo si me atreveré a decirte que yo tuve y he tenido mi propia dosis de oscuridad, mis propios dolores, mis propias heridas que a simple vista eran imperceptibles a ojos de los demás, pero que en cambio cada respiración y cada paso, se sentían como si levantará una loza de encima mio.

Jamás me atreveré a decirte exactamente que hay dolores que son más grandes o más profundos que el tuyo, pero si te diré que cuando mi vida era una caída constante en un abismo, jamás me permití abandonarme…, así sintiera el mundo en mi contra, así me imaginara que nadie hubiera deseado mi existencia, asì pudiera sentir que el vacío era absoluto, aún así había una idea que siempre me mantuvo a flote... , “Yo no soy cobarde vida mía,… hasta el último minuto que me mantengas respirando, vida, seguiré luchando…”.

Así entre sombras, soledad, desesperación y abandono, aprendí a caminar, y hay un momento cuando la vida duele, que el dolor te va a traspasar, sentirás que te deshaces… y ese punto es crítico, porque ahí, justo ahí, es cuando menos debes detenerte, si te detienes en ese momento, ya no lo lograrás, renunciaras a la carrera, esto lo sabe cualquier maratonista, hay un kilómetro, en el que sientes el cuerpo desgarrado, parece que ya no hay fuerza alguna en tu cuerpo, pero sabe que si toma un descanso, no podrá volver a ponerse de pie… este instante, lo hemos de vivir todos, este es el instante en que te separará de haber conocido y comprendido la vestimenta de tu alma, o por el contrario, volverte un cínico y mutilar tu alma, sacrificar el don de saber vivir, o conformarte con ser un simple sobreviviente.

Nunca, jamás compares tu dolor con el de nadie, respeta tu dolor, y así aprenderás a respetar el dolor de otros, el dolor es algo sagrado, porque a través de él vas a aprender a crecer, vas a aprender a desidentificarte de ser tan solo un cuerpo y encontrarás las raíces de tu alma.

El dolor me hizo descubrir el fuego interno que posee cualquier ser humano que anhele encontrarlo de verdad, pero también me hizo comprender, que sólo aquel que está dispuesto a pagar el precio de su propia metamorfosis tiene derecho a encontrar ese fuego que los textos antiguos y en las escuelas de misterios llaman iniciaciones.

No puede iniciarse en la verdadera vida ningún ser humano que no esté dispuesto a lidiar consigo mismo, que no esté dispuesto a sacrificar un poco de diversión por entender los misterios de la vida, ¿qué misterios?, aquellos que nos unen a todos, sin importar creencias, nacionalidades, idiomas, esos misterios son: el amor, la paz, la guerra, la enfermedad, la salud, la alegría, la fe, la vida y la muerte… esos misterios a los que todos nos enfrentaremos algún día, pero que sin embargo, aun cuando todos tengamos las experiencias, no todos podemos vivirlos, no todos podemos entenderlos, algunos sólo serán arrastrados por los acontecimientos de la vida, y cada vez sentirán más dureza, más rigidez y más miedo de vivir, mientras otros, seguiremos siendo aventureros, exploradores, fusionándonos con la existencia.

El dolor me enseñó algo… no podían darme el secreto del amor, de la alegría, de la felicidad, de la armonía a menos que comprobara que yo sabía lo que el amor, la alegría, la felicidad y la armonía significaban…, las reglas de la vida son simples, y una de ellas es… lo semejante atrae a lo semejante, lo que vibra en la misma frecuencia se atrae, tu te enamoras y te casas con otro ser humano, no con una serpiente, no con un gusano… tú peleas con personas, no peleas con las hormigas… lo semejante se atrae… sólo aquel que despierta en su interior el amor, la paz, la alegría, la armonía, la dulzura, la entrega… logra atraer a su vida lo mismo.

Lo único que puedo atreverme a decirte como un ser humano igual que tu, que ha hecho su propio recorrido, que continúa en el camino haciéndolo, pero que quizás ha dado unos cuantos pasos adelante… no esperes que la vida no duela para sonreir, no esperes a que la vida sea fácil, para empezar a dar las gracias desde ya, no esperes a que algún día tu corazón esté absolutamente sano, sin ninguna herida sangrante para comenzar a entregarte a otros, para comenzar a amar... .

Mi propio recorrido me enseñó, que es levantándote de cada caída e intentándolo siempre que sea necesario como logras algún día mantenerte siempre erguido, mi propio sendero me enseñó que mientras más profunda y pesada sea una herida, más pronto debes atreverte a platicarla y compartirla con otros, habrán muchos que te huyan, habrán muchos que no puedan, ni deseen acercarse a ti cuando estés así, pero habremos otros que, porque ya antes pedimos ayuda y no la encontramos o también po