• Zinia

¿A QUÉ TIENE MIEDO EL SER HUMANO?

Entre las cosas más increíbles de las cuales el ser humano teme, es a su GRANDEZA, a su origen, tiene miedo a crecer, a descubrir cuán inmenso es, por eso prefiere conservar su EGO, así, sin que se de cuenta, si conserva su EGO, se siente seguro, porque tener EGO significa mantenerse separado del origen, significa ceder su poder, culpar al mundo de sus circunstancias, no tener el lugar que verdaderamente le pertenece, intercambia su verdadera grandeza, por la sombra de aquello que cree ser.






El ser humano tiene miedo a darse el lugar que le pertenece, como expresión de una energía creadora, no acepta ese lugar, es demasiado grande para aceptarlo, porque eso significa que en él habita el secreto de la misma vida, y sin embargo da vida, eso significa que en él habita el secreto del verdadero amor y sin embargo toda la vida está en su búsqueda, y así pasa el tiempo, hablando de ello, solo hablando, negándose a transformarse en ello… ocultándose ante lo que ES.


La reconciliación con esa naturaleza original dejaría al desnudo la vulnerabilidad, la propia imperfección… ¿cuánta fragilidad se pondría ante sí mismo?, demasiada, pero eso significa también convertirse en sensibilidad, belleza, compasión, dulzura.


¿Cómo puedo amarme de verdad?... venciendo la ilusión de que YO lo soy TODO en total INDIVIDUALIDAD, porque eso es SOBERBIA, y reconociendo que soy un fragmento de una REALIDAD que me TRASCIENDE… entonces me convierto en parte del INFINITO, no antes, esto se llama HUMILDAD.


Suena bien, pero… ¿esta “mística” visión no es posible expresarla en el mundo físico y actual?, todo aquel que se niega a invitar a su SER a su CASA; es decir el espíritu al cuerpo, que presenta una resistencia, invita entonces a la vida a proporcionarle todas las herramientas necesarias para “descubrirlo”, ¿cuáles son esas herramientas?... los problemas cotidianos, el dolor que traspasa la razón… ¿cómo entender de aspectos no medibles por un pensamiento científico?, aprendiendo a desarrollar otro tipo de mente, de pensamiento, el que desarrolla precisamente la vida, no la ciencia.


Pruebas de esas “otras” realidades abundan por doquier, documentos desde hace tiempos lejanos y actuales, pero los que se niegan a ver, quieren utilizar herramientas para verle que no sirven para ello, que no fueron creadas o diseñadas para ello, es como si el hombre desea utilizar un vaso para peinarse, en vez de utilizar un peine que es con lo que realmente puede hacerse… un vaso sirve para beber líquidos, depositar algo, no para desenredar cabellos, así de ilógico es querer adentrarse a la verdadera belleza y grandeza de la realidad espiritual a través de un pensamiento científico.


***A continuación un fragmento del Libro Egipcio de los Muertos, capitulo LXXIX del papiro de Ani, se refiere a una experiencia mística donde se une el alma, simbolizada por un halcón, con su cuerpo en el mundo interior.


“Solitario, he ido a la cama, habiendo encendido el fuego. Mi alma ha sido un ave incansable que me deja para buscarse así misma, ya que para el halcón que rompe los confines del huevo, aún el cielo no es una eternidad suficiente.

Puede ser abatido por tormentas, golpeado por la arena arremolinada o volar en el aire caliente sobre las dunas del desierto. Lejos de aquí, su voz puede resonar a través de los bosques, en las ramas de los árboles de acacia. A orillas del río (Nilo) puede aguardar calladamente entre los carrizos. Mientras duerme, los peces desovan, y él coloca su cabeza entre sus alas. Si lo ves envíalo a casa, a mí. El corazón es una tierra incierta.

Debo levantarme, llama a los músicos y a los sacerdotes. Debo tener perfumes y tintes para las cabezas de los bailarines. No puedo dormir como el ocioso, como un muerto en sueños. Debo levantarme y atizar el fuego, quemar sándalo y kifi; recordar mis oraciones. El humo del incienso lo traerá de regreso a casa.

Estoy tendido en el valle de los cuatrocientos cruces, hombre con mujer, hombre con polvo. Tan alejado y navegando, el viento del amor vuela conmigo. En su pico dorado, él port mis pensamientos. En su espalda, mis sueños estelares y magnéticos vuelan sobre las montañas, sobre los mares, sobre las ciudades. Sobre el parral, navego con el halcón triunfante. Probablemente ahora se aproxima, una ráfaga de alas oscuras golpeando la puerta. O él sigue los ríos y los senderos de los dioses, conduciéndolos a través de las montañas o él ata las almas a los harapos de las momias, llenando manos secas con bálsamo. Los viejos empuñan sus báculos y se levantan descalzos en la arena encendida. Probablemente él revolotea sobre las embarcaciones con sus cargas de amatista, viajando a casa.

¡Ah, mi alma es un ave incansable!, Palabras fluyen como ríos. A través de mis venas el agua se agita; en alas oscuras él vuela del ayer, amor en su garganta, la tibieza de la luz entre sus alas, el sol elevándose en su cabeza, ojos de ámbar.


Tener una experiencia “mística”, sentir el Espíritu… es parte del poder que el ser humano tanto anhela y al mismo tiempo tanto teme, parte de esa temida y añorada GRANDEZA.


***Fuente: Nájera J. Los 32 senderos de sabiduría. Pp 20-21. 2014.

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